Lucía tenía pelo rojo y un vestido del mismo color. Salió con Pablo ya un año, y estaban pensando de casarse. El camarero calvo era el padre de Pablo, y quería que Lucía le conozca. Entonces, aquí estaban, con el padre de Pablo.
-Hola, Pablo -dijo José Luis, el camarero, cuando se sentó con Lucía. – ¿Queréis un café?
-Sí, Papá. Y esta es Lucía. -respondió Pablo.
- ¡Ah, sí! Me dijiste mucho de ella! -El hombre que estaba sentado se fue. José Luis saltó por la barra.
-¡Eh! ¡No me has pagado! –gritó José Luis. El hombre empezó a esprintar. Pablo saltó de su silla y se fue a por el hombre. Cuando el hombre llegó al banco, Pablo le pilló y le sujetó.
-¡Dale el dinero a mi padre, hombre! –exclamó Pablo. Lucía salió corriendo del bar. José Luis estaba atrás, recuperándose. Cuando el hombre le dio el dinero, se fue trotando por el camino.
-Gracias, Pablo. Eres un hijo que corre muy rápido. Más rápido que yo corrí cuando yo tenia una novia. –dijo esto mirando hacia Lucía. Luego, le dijo a Pablo:
-Esa chica es muy mona, y me parece que es buena. ¡Cásate con ella! –exclamó José Luis, y sonrió. Y eso es lo que hizo Pablo. Se casó con ella y vivieron felices. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
Author notes
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