Cuando el Tunkuluchú canta (SEP)1
En el Mayab vive un ave misteriosa, que siempre anda sola y vive entre las ruinas, el tecolote o Tunkuluchú, quien hace temblar al maya con su canto, pues todos saben que anuncia la muerte. Algunos dicen que lo hace por maldad, otros por que le gusta pasearse por los cementerios a obscuras por las noches, de ahí su gusto por la muerte, y no falta quien piense que hace muchos años, una bruja maya, al morir se convirtió en tecolote.2
También existe una leyenda, que habla de una época lejana, cuando el Tunkuluchú era considerado como el más sabio del reino de las aves. Por eso, los pájaros iban a buscarlo si necesitaban un consejo y todos admiraban su conducta seria y prudente.3
Un día el tunkuluchú recibió una carta, en la que se le invitaba a una fiesta que se llevaría a cabo del palacio del reino de las aves. Aunque a él no le gustaban los festejos, en esta ocasión decidió asistir, pues no rechazar una invitación real, Así, llegó a la fiesta vestido con su mejor traje; los invitados se asombraron mucho al verlo, pues era la primera vez que el tunkuluchú iba a una reunión como aquella.4
De inmediato, se le dio el lagar más importante de la mesa y le ofrecieron los platillos más deliciosos, acompañados por balché, el licor maya. Pero el tunkuluchú no estaba acostumbrado al balché y apenas bebió unas copas, y se emborrachó. Lo mismo le ocurrió a los demás invitados, que convirtieron la fiesta en puros chiflidos y risas escandalosas.5
Entre los más chistoso estaba el Chom, quien adornó su cabeza pelona con flores y se reía cada vez que tropezaba con alguien. En cambio, la chachalaca, siempre era muy ruidosa, se quedo callada. Cada ave quería ser la de la mayor gracia, y sin querer, el tunkuluchú les gano a los demás. Estaba tan borracho, que le dio decir chistes mientras danzaba y daba vueltas en una de sus patas, sin importarle caerse a cada rato.6
En eso estaban, cuando paso por ahí un maya conocido de veras por ser tan latoso. Al oír el alboroto que hacían los pájaros, se metió a la fiesta dispuesto a molestar a todos los presentes. Y claro que tuvo oportunidad de hacerlo, sobre todos después de que él también se emborrachó con el blaché.
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El maya comenzó a reírse de cada ave, pero pronto llamó su atención el tunkuluchú. Sin pensarlo mucho, corrió tras de él para jalar sus plumas, mientras el mareado pájaro corría y se resbalaba a cada momento. Después, el hombre arrancó una espina de una rama y buscó al tunkuluchu; cuando lo encontró, le pico las patas, Aunque el pájaro las levantaba una y otra vez, lo único logró fue que las aves creyeran que le había dado por bailar y se rieran de él a más no poder.8
Fue hasta que el maya se durmió por la borrachera que dejó de molestarlo, La fiesta había terminado y las aves regresaron a sus nidos todavía mareadas; algunas se carcajeaban al recordar el tremendo ridículo que el Tunkuluchú hizo. El pobre pájaro sentía coraje y vergüenza al mismo tiempo, pues ya nadie lo respetaría luego de ese día.9
Entonces, decidió vengarse de la crueldad del maya, Estuvo días enteros en la del peor castigo; era tanto su rencor, que pensó que todos los hombres debían pagar por la ofensa que él había sufrido. Así, busco en sí mismo alguna cualidad que le permitiera desquitarse y optó por usar su olfato. Luego, fue todas las noches al cementerio, hasta que aprendió a conocer el olor de la muerte; eso era lo que necesitaba para su venganza.10
Desde ese momento, el tunkuluchú se propuso anunciarle al maya cuando se acercara su hora final. Así, se para cerca de los lugares donde huele que pronto morirá alguien y canta muchas veces. Por eso dicen que cuando el tunkuluchú canta, el hombre muere, Y no pudo escoger mejor desquite, pues su canto hace temblar de miedo a quien lo escucha.11
Author notes
Mayan Literature, the story of the bird thatAnnounces death.
